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 Things We Lost In The Fire (Rush)

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MensajeTema: Things We Lost In The Fire (Rush)   Dom Ene 18, 2015 8:54 pm

El regalo de Amigo Invisible para Marina este año, con todos los feels que conllevó :nono: xDDDDD

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THINGS WE LOST IN THE FIRE

Things we lost to the flames
Things we’ll never see again
All that we’ve amassed
Sits before us, shattered into ash

I was the match and you were the rock
Maybe we started this fire
We sat apart and watched
All we had burned on the pyre

Do you understand that we will never be the same again?

James Hunt solía vomitar antes de cada carrera, pero hubo una en la que lo hizo también después. Habría dicho que era la carrera que más recordaba de no ser porque realmente no llegó a saber qué hizo en la carretera. Sin duda, se esforzó y lo tuvo que pasar mal, porque las condiciones y la pista no eran precisamente las mejores, pero lo ocurrido debió de eliminar todos esos recuerdos, dejándole solo lo peor.

Fue la carrera del 1 de agosto de 1976, en el viejo circuito de Nürburgring. Tras esas catorce vueltas que su memoria por lo visto decidió borrar de su mente, cruzó la línea de meta sabiéndose el ganador, y sin saber de Niki Lauda nada más que su salida de pista. Había dado por sentado que habría sido por un fallo en su Ferrari, hasta que uno de sus mecánicos le comentó que al parecer había tenido un accidente. James se echó a reír.

- Me apuesto algo a que lo ha hecho a propósito, sólo por llevar la razón. Esa rata rencorosa.

No lo pensaba de verdad, naturalmente. Sin duda, Niki no se sentía seguro en esa carrera y le había molestado que se ignorara su petición de cancelarla, pero no se arriesgaría a estropear su posición de ventaja en el mundial por algo así. Pero resultaba irónico. Resultaba gracioso.

Antes de celebrar su victoria, le buscó. Quería ver su cara de mal perdedor y burlarse del miedo con el que había salido a la carretera para terminar accidentándose. Pero en el equipo de Ferrari no veía nada más que caras largas.

- ¿No te has enterado? – fue la respuesta de uno de los técnicos cuando preguntó por él. – Lauda ha tenido un accidente.

- Pero no ha sido grave, ¿no? – a James ni siquiera se le había ocurrido esa posibilidad.

- No lo sé. Creo que sí. Dicen que su coche se ha incendiado…

El chiste se iba desmoronando, pero no empezó a ser consciente de la gravedad del asunto hasta que no se encontró con el piloto Brett Lunger después de la celebración. Al parecer, le había sido imposible esquivar el coche ya accidentado de Lauda, y aunque luego había sido de los primeros en lanzarse a rescatarle del fuego, el temor a haber empeorado las cosas le tenía en estado de shock. Lo que James no podía dejar de mirar eran las quemaduras de su traje.

- ¿Pero cómo estaba Niki? – terminó preguntando al fin. Lunger seguía bloqueado y se expresaba con torpeza.

- No lo sé. Quemado. Estaba quemado.

Las imágenes del accidente no tardaron en salir, y entonces fue cuando James sintió todo el peso de la responsabilidad cayendo sobre él. Había contemplado el sentimiento de culpabilidad de Lunger, pero no conseguía entenderlo. Si había un culpable de aquello, ése era él. James Hunt. Era él quien había desestimado la petición de Niki de cancelar la carrera, y el que no contento con eso, le había ridiculizado para poner a la mayor parte de los pilotos de su parte en la votación. Si se había celebrado la carrera en esas condiciones, era por él. Y si Niki ahora se debatía entre la vida y la muerte, también era por él.

La primera vez que vio el vídeo, casi no pudo contener la tentación de gritar. El brutal choque, el coche incendiándose casi al instante, Niki consciente y tratando de salir. Y las llamas, que parecían no apagarse nunca. ¿Cuánto tiempo había estado metido en esa bola de fuego? Según decían, algo así como un minuto, pero en las imágenes se hacía eterno.

Había perdido la cuenta de las veces que había visto el accidente cuando se sorprendió a sí mismo garabateando cosas sin sentido en una libreta. Cosas para Niki. Disculpas inútiles, palabras torpes tratando de expresar sentimientos que no era consciente de sentir. Reescribió el intento de carta una y otra vez, tachó y arrugó página tras página, y finalmente se dio por vencido y asumió que tendría que vivir con la culpa. De qué servía escribir algo que Niki quizá no pudiera llegar a leer. Qué pretendía arreglar con una carta. El mismo fuego que había consumido a Niki, destruiría su estúpida carta aún con más facilidad.

*****

Los vendajes y el interior de su casco chorreaban sangre al terminar la carrera. Ya se había imaginado algo así por el intenso escozor de sus heridas, por lo que había tenido el cuidado de no descubrirse el rostro hasta encontrarse a solas en los baños. No quería más sermones recordándole que se había precipitado, y casi menos aún le apetecía escuchar tonterías sobre su valentía y heroísmo. Si había vuelto era porque quería continuar la competición contra James Hunt, tan irracional y simple como eso. No esperaba que lo entendiera nadie más que James, que fiel a su capacidad innata de molestar, tuvo que hacer acto de presencia en ese momento.

- Niki – oyó su voz a su espalda, tan repentinamente que no supo cuánto llevaba allí.

Conteniendo las ganas de sisear del dolor, terminó de limpiarse la sangre con prisas. No es como si tuviera intención de ocultar nada, pero se negaba a volver a ver esa estúpida mirada entre horrorizada y triste que le había dedicado cuando había visto sus heridas por primera vez. Sospechaba que esas reacciones le perseguirían el resto de su vida, pero verla en James había sido aún peor que recibirla de su mujer. James era el inconsciente incapaz de tomarse nada en serio, el que pensaba que jugarse la vida dando vueltas a un circuito era algo romántico, el que debería haber soltado alguno de sus chistes sin gracia cuando le hubiese visto volver casi literalmente de la muerte y con el rostro derretido. Eso era lo que esperaba y necesitaba de él para sentir que algo podría volver a la normalidad, no disculpas ni esa mierda sobre la carta que no pudo llegar a escribirle.  

Pero al volverse para encararle, allí estaba de nuevo la cara de cachorro abandonado que ni siquiera sabía que James podía poner. Su mirada esta vez no estaba fija en él, sino en la toalla manchada de sangre.

- Hoy te has lucido – comentó Niki, para desviar la atención. Hunt había abandonado la prueba en las primeras vueltas, y el recordatorio no pareció hacerle gracia.

- Supongo que hoy era tu día. Apuesto a que mañana nadie recordará quién ganó la carrera. Sólo hablan de ti y de tu glorioso regreso…

- Por eso me he conformado con el cuarto puesto. Subir al podio habría sido un exceso de protagonismo.

- ¿Y habrías subido con el casco puesto?

James había hecho un gesto casi inconsciente señalando la toalla ensangrentada, pero fue suficiente y Niki volvió a verse invadido por la frustración. Necesitaba que James le entendiera, pero ni siquiera en su idioma natal habría sido capaz de describir sentimientos con palabras.

- ¿Qué quieres? – preguntó, sin encontrar otra forma de escapar de la situación.

El otro parecía estar teniendo tantos problemas para expresarse como él. Antes de verlo venir, James había acortado la distancia entre ellos y había alzado una mano hacia su rostro, y el contacto le hizo retroceder tan precipitadamente que un latigazo en la pierna le recordó otra de sus muchas secuelas tras el accidente. James aún tardó unos segundos en bajar la mano, pero no volvió a intentarlo.

- Lo siento – murmuró cabizbajo, antes de darle la espalda y marcharse de allí, volviendo a dejarle solo.

Niki se había bloqueado por completo. No entendía por qué James había hecho eso, ni tampoco por qué él mismo se había apartado. No creía haber sentido dolor ante la caricia o lo que hubiera sido aquello, había actuado por puro instinto, como si temiera que la peligrosa cercanía de James pudiera quemarle otra vez. El pensamiento sólo pudo hacerle reír: a veces la vida tenía una forma muy literal de dar lecciones.

*****

James Hunt y Niki Lauda eran rivales, de eso no le cabía duda a nadie. Y su rivalidad vendía, ambos los sabían. Vendía en los circuitos, vendía en la prensa, incluso mejoraba sus capacidades al volante, así que ellos mismos la alimentaban a la menor ocasión. Pero había otra parte de su relación que no salía tanto en los medios, y no porque se esforzaran conscientemente en ocultarla, sino porque, simplemente… no era rentable.

Pero ahí estaba. Una amistad de la que ellos mismos no hablaban, pero que dejaban salir de vez en cuando, lejos de los circuitos, las clasificaciones y las cámaras. En realidad era algo normal, no se podía tener una relación de rivalidad tan intensa con alguien sin que existiera en el fondo algo de aprecio.

Los medios no sabían, por ejemplo, que Niki había pasado algunas noches en su apartamento de Londres antes del mundial de 1976. No había sido el único, solía haber otros cuantos pilotos que se unían a la fiesta, pero siempre había alguien que se sorprendía al verles juntos y sin tirarse los trastos a la cabeza.

James recuerda especialmente la última vez en la que pasó. Eran cuatro pilotos en su apartamento y quizá había reservado demasiado alcohol para tan poca gente, porque para cuando los otros dos compañeros ya se habían ido a dormir, Niki estaba más borracho de lo que le habían visto nunca. Después del accidente en el circuito de Nürburgring, empezó a ser más habitual verle beber incluso antes de las carreras, pero antes de aquello habría sido algo casi impensable, por lo que la imagen de Niki tirado en su sofá sin poder dejar de reírse de nada en concreto resultaba cuanto menos curiosa.

James aún podría haber aguantado mucho más, pero viendo que los demás se habían rendido y que Niki estaba fuera de combate, decidió que lo mejor sería guiarle hasta la habitación donde le dejaría dormir, si es que era capaz de levantarle del sofá. Ésa era realmente su intención cuando se sentó a su lado, pero al ver la absurda sonrisa con la que le devolvió la mirada, se encontró haciendo algo muy distinto. Concretamente, presionando sus labios contra los de él.

Y si su propio arrebato le desconcertó un poco, más sorprendente aún fue sentir que Niki no sólo no le apartaba de un puñetazo, sino que se dejaba hacer e incluso parecía responder. Probablemente la culpa fuera del alcohol que James pudo saborear en su boca, pero aún así no tuvo reparos en continuar hasta que Niki se separó para volver a reírse sin control.

- Ahora vuelvo – anunció James, poniéndose en pie algo aturdido.

Niki se limitó a contestar con un “vale”, sin dar muestras de haberle escuchado realmente. James se estaba obligando a sí mismo a pensar, cosa que no hacía muy a menudo, y para eso necesitaba alejarse de las risotadas ebrias del otro. ¿Estaba dispuesto a seguir con aquello? . Había sabido la respuesta a esa pregunta desde el instante en el que se había levantado del sofá, pero de todas formas, fingiría que se lo pensaba. Se dirigió a la cocina, se abrió otra cerveza y bebió tratando de poner sus ideas en orden, antes de aceptar que sólo tenía una idea y que no se disiparía por muchos paseos que se diera por el apartamento.

Años después, James recordaría aquello y se preguntaría si alguno de los dos estaba ya casado, si no los dos, porque en su momento ni siquiera se paró a pensar que fuera algo a tener en cuenta. Lo cierto es que había muchas posibilidades de ser rechazado, pero el James de aquella noche no las vio. Apuró el resto de la cerveza y cuando se dirigió de nuevo al salón, no tenía ninguna duda de que Niki le recibiría con los brazos abiertos. Y James se encargaría de darle la noche de su vida.

Todas sus expectativas se vinieron abajo de un plumazo al encontrarse a Niki profundamente dormido en el sofá. No creía haber pasado tanto tiempo ausente, por lo que aquello sin duda debía de ser otro efecto del alcohol mucho menos deseable. Y aunque se planteó seriamente despertarle, y se le ocurrían formas muy poco sutiles de hacerlo y de meterle de nuevo en acción, al final tuvo que aceptar que aquella noche se iba a quedar con las ganas y simplemente arropó a Niki con una manta y se fue a su habitación a dormir, con su frustración como única compañía.

Y si en algún momento pensó que tendría una segunda oportunidad por la mañana y que de paso podría hacer honor a su lema sobre el desayuno de los campeones, Niki se encargó de destruir también esos planes levantándose de un humor de perros. La resaca sin duda no le había sentado muy bien, pero encima lo descargó con James por haberle dejado durmiendo en ese sofá que, por lo visto, era un aparato de tortura.

- Iba a llevarte a mi cama, pero pensé que te gustaría aún menos – replicó James, sin escatimar en subtextos.

No sólo pretendía incomodarle, también esperaba ver en él algún tipo de señal que le demostrara que recordaba lo ocurrido antes de quedarse dormido. Señal que no llegó a encontrar.

- Si has cambiado las supermodelos por ratas, no debes de estar en tu mejor momento – fue la respuesta del malhumorado Niki.

James nunca llegaría a saber si su “rival” fue mínimamente consciente de lo que estaba haciendo aquella noche cuando le besó, ni si realmente lo había olvidado o se había escudado en una conveniente resaca. Porque nunca volvió a encontrar una ocasión en la que volver a intentarlo, pero una vez que la idea surgió en su mente, tampoco fue capaz de librarse de ella. Quizá si nunca hubiera ocurrido el accidente, las cosas habrían sido distintas. Pero ocurrió. No mucho después de esa noche, su rivalidad alcanzó su punto álgido, Niki se quemó, y ellos nunca volvieron a ser lo que habían sido.

*****

James tenía una manía que ponía de los nervios a Niki. De hecho, tenía muchas. En general todo lo que hacía le irritaba en mayor o menor medida, como el que celebrara sus segundos y terceros puestos más que Niki sus triunfos, o que apareciera en cada circuito con una rubia despampanante distinta. Pero lo peor era cuando se ponía a trastear con un mechero entre las manos, sin llegar a utilizarlo en ningún momento. Quizá le molestaba especialmente porque no recordaba habérselo visto hacer antes del accidente de Niki. Tal vez siempre lo hubiera hecho, tal vez era él quien no se había fijado, pero en cualquier caso, no podía ver el mechero en sus manos sin acordarse de ello.

No es como si a Niki le hubiese quedado algún tipo de trauma con el fuego, ya que apenas recordaba su propio accidente. Seguramente fuera mejor así, porque bastante tenía con el deterioro de su vista como para encontrar más obstáculos en su vuelta a los circuitos, y vivir continuamente recordándolo podría haberle quitado las ganas de volver a subirse a un coche. Lo malo era que James sí que parecía recordarlo cada vez que le miraba.

Desde el momento en el que se habían vuelto a ver después de lo ocurrido, las cosas habían cambiado. James había cambiado con él, le trataba como si se le fuera a derretir el resto de la cara si volvía a insultarle como antiguamente, como si creyera que él necesitaba que le cuidaran o le protegieran. No le gustaba. No necesitaba la compasión de nadie, y mucho menos la de James. Niki había quemado todo su odio hacia él en el hospital, le había maldecido sin parar en su mente, viéndole ganar carreras mientras a él parecían intentar sacarle los pulmones por la boca, le había culpado de todo y había fantaseado con atropellarle cuando pudiera volver a conducir. Le ayudó a sobreponerse, y le ayudó sobre todo a soportar un dolor indescriptible. Pero también logró quedarse completamente en paz.

Cuando volvió a los circuitos, se había deshecho de todo su rencor y sólo quería recuperar su vida, y eso incluía la competición, la rivalidad y al idiota de James, comportándose como el cretino que siempre había sido. Pero James sólo era una montaña de culpabilidad. Y si pensaba que cambiaría con el tiempo, se equivocaba.

Niki hubiera deseado tener una capacidad de expresión que fuera al menos la mitad de buena que su habilidad al volante, y quizá así habría podido hacerle entender cuánto necesitaba recuperar lo que tenían. La rivalidad, la amistad, todo lo que había existido entre ellos a lo que nunca se atrevió a poner nombre. Lo intentó aquella vez que se encontraron, cuando él se disponía a pilotar su avioneta y James se dirigía a coger un avión acompañado de su acostumbrado séquito de féminas.  Lo intentó, fue más sincero de lo que recordaba haber sido con él, y la respuesta de James fue:

-Eres el único tío que se ha quemado la cara y se ha quedado mejor.

Niki sabía que debería haberse ofendido, pero no lo hizo. En realidad, aquello fue lo mejor que podría haber obtenido de él, lo más parecido a lo que habría contestado antes del accidente. Ése sí era su James.

Y cada vez que volvió a verle jugueteando nerviosamente con su mechero, o cuando volvía a notar su incomodidad al observarle, Niki trató de recordar aquel momento, aquellas palabras, para sentir que James aún le seguía viendo como en el pasado.

*****

James sabía que el mundial que había ganado se recordaba más por el accidente de Lauda que por su propia victoria, y como responsable que era de lo ocurrido, había aceptado que sería así. Y no le molestaba por una cuestión de orgullo. Al fin y al cabo, su objetivo no había sido tanto el éxito como el superar a Niki, y eso lo había conseguido, al menos hablando en términos estrictamente deportivos. Pero era como si nunca pudiera librarse del fantasma de lo ocurrido a Niki, y en 1978 se volvió a encontrar con ello de forma tan inesperada y vívida que de alguna manera, su carrera quedó sentenciada.

Fue en el Gran Premio de Italia, cuando una desastrosa salida por su parte provocó un accidente en cadena. Cuando el coche de Ronnie Peterson se empotró contra las barreras y se prendió fuego, las imágenes que James había visto en televisión una y otra vez del Ferrari de Lauda entre las llamas parecieron tomar forma delante de sus propios ojos. Como si le hubieran dado la oportunidad de enmendar su error, James no dudó en acudir en ayuda del piloto, que parecía fuera de peligro obviando el hecho de que se había destrozado las piernas en el golpe. Aquello no ayudaría en nada a Niki, pero de alguna forma, James logró sentirse mejor consigo mismo. Como si salvando a Peterson del fuego pudiera librarse de su anterior error.

Por eso, cuando al día siguiente se anunció la muerte de Ronnie Peterson, todo volvió a derrumbarse para James. Niki podía haber sido Peterson. Y toda la culpa habría sido suya.

Aunque trató de superarlo, la culpabilidad era una carga demasiado pesada como para llevarla a cuestas sin perder el placer por la competición, por lo que James Hunt terminó retirándose al año siguiente. Casualidad o no, Niki Lauda tomó la misma decisión también en 1979.

*****

Niki le había dicho una vez a Marlene que la felicidad era el enemigo. Más que una idea, fue una sensación que le surgió, y esa fue la única manera en que supo expresarla, pero con el tiempo se preguntó si era exactamente eso lo que quería decir. Su mujer había entendido que le temía a la felicidad, o al menos a sus efectos, pero quizá no fuera ésa la cuestión. Tal vez lo que Niki había sentido y malinterpretado era que necesitaba a su enemigo para ser feliz.

Pero no se dio cuenta hasta que se enteró de la muerte de James Hunt en 1993. Era joven, tenía 45 años, pero no fue sorpresa lo que sintió al oír la noticia, porque nadie podía llevar el estilo de vida que había llevado él y aspirar a llegar a viejo. Lo que le invadió en aquel momento fue una sensación de vacío, de pérdida, pero no sólo de su amigo, sino de sí mismo y lo que había sido. Desde el día en el que conoció a James en aquella carrera de Fórmula 3, su vida había dado un vuelco, con el punto álgido evidente en cierta carrera del 76. Incluso cuando James se había retirado definitivamente de los circuitos y la competición perdió el interés, siguieron viéndose, peleando y reviviendo el pasado.

Aquella noche en que se expresó de esa forma con Marlene había creído que la felicidad podía poner en peligro su deseo de competir con James. Pero ahora que le había perdido, se daba cuenta de que eso había sido la verdadera felicidad: su relación con James, su rivalidad. Era lo que le había dado ilusión y orgullo, lo que le había motivado en su carrera de piloto y en su día a día. Y lo había descubierto demasiado tarde. Había huido de la imagen que él tenía de lo que era ser feliz, y lo había sido durante años sin percatarse hasta que la felicidad se escapó sin avisar. Sin dejarle saborearla conscientemente ni una sola vez.

El descubrimiento fue angustioso a la par que irónico. Niki necesitaba contárselo a James, quien siempre le aconsejó que disfrutara de la vida, necesitaba decirle que había disfrutado más que nadie sin darse cuenta, pero James se había ido y con él, su rivalidad, su amistad, su competición, su historia.

A la gente le gustaba decir que Niki había vuelto a nacer tras el accidente en el circuito de Nürburgring, y razón no les faltaba teniendo en cuenta que llegaron a darle la extremaunción en el hospital, pero él nunca se había sentido realmente así. Sin duda, era algo que cambiaba la vida, pero no llegó a detenerla. La muerte de James sí. Ahora sí se sentía como si tuviera que volver a nacer, tenía que volver a construirse para llegar a ser alguien que pudiera vivir sin James.

Ahora era la persona que no pensaba que la felicidad era el enemigo, sino que el enemigo era la felicidad.

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MensajeTema: Re: Things We Lost In The Fire (Rush)   Dom Ene 18, 2015 9:45 pm

:l::l::l: es más bonico...

Miraos RUSH y leedlo, zorras.


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MensajeTema: Re: Things We Lost In The Fire (Rush)   Dom Ene 18, 2015 9:52 pm

AY, PLS, el fanart xDDDDDDDDDDDDDDDDD

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MensajeTema: Re: Things We Lost In The Fire (Rush)   Dom Ene 18, 2015 9:54 pm

Hay muchos fanarts geniales TT__TT. Pero fics tan guays como este nop, y es mio :mrgreen: ...

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MensajeTema: Re: Things We Lost In The Fire (Rush)   Dom Ene 18, 2015 10:58 pm

Sí, mientras lo escribía me guardé alguno como éste que :l:




Y calla, jo, que me emociono con ese comentario :bbb:

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MensajeTema: Re: Things We Lost In The Fire (Rush)   Dom Ene 18, 2015 11:45 pm

Ese fanart es de mis favoritos tambien :l: ...y es que es verdad. Fangirleo mucho, fics de F1 es lo que mas leo ultimamente asi que sé de lo que hablo (?)

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